La Mofeta vs Los sueños húmedos
No sé si se les siga diciendo así. En mis tiempos púberes (léanme usando el cliché), se le llamaba así a cuando despertabas con los calzones levemente mojados de liquido seminal, por lo que se deducía se había soñado con situaciones sexosas. El término se solía usar en metonimia de lo último: tener sueños húmedos significaba haber soñado cochinadas.
He de confesar que ese tipo de sueños me han sido frustrantes en una apabullante mayoría. Por lo general, cuando “la actividad sexual vigorosa” (sic) se aproximaba,¡me despertaba! A lo más que mis calenturientos sueños solían llegar eran a un cunnilingus. Había otros sueños en los cuales yo me obligaba a despertar: generalmente eran con mujeres no muy atractivas (léanme usando un eufemismo de viejas feas) o con familiares (cada quien sus traumas, ¿no?).
Y así transcurrió mi adolescencia. La verdad es que tampoco soñaba yo mucho con cuchiplanchar, pero no le quitaba infortunio a mis escasos sueños eróticos.
Ya más crecidito, las pocas veces que Morfeo me envía a tales lugares el tenor no es distinto, salvo en una ocasión, donde sí llegué al coito, pero alguien nos interrumpía (¡demonios!). No me desperté ahí pero ya olvidé en qué concluyó dicha aventura onírica.
Anoche ocurrió algo inusitado. Sin premeditación aparente, Morfeo me hizo un sublime regalo. Envió a Gracie Glam (googleenla puercos) ha hacerme La Noche. Lo sucedido no cruzó al límite de lo hardcore, pero tampoco estuvo en los terrenos de lo cursi. Simplemente fue mucho y bueno, muuuy bueno. En algún punto del trayecto sabía que era un sueño, pero por fortuna no fue sino hasta mucho después de aquellos rituales amatorios (¡oh sí! Fue pelea de varios rounds). Para cuando el sol apareció, mi rostro dibujaba una satisfactoria sonrisa. Agradecí los favores divinos e inicié el día con el ánimo por las nubes.

Y por si se preguntaban, no se me ocurrió revisar mis calzones buscando rastros de liquido seminal.


