La Mofeta Vs el Vive del 2011 Pt 2
Previniendo me ocurriera lo del día anterior, limité mis delitos a robar una lancha, huir de la policía y entregar un cargamento de estupefacientes. Abandoné la madriguera con tiempo. Todo marchaba bien hasta que el convoy del metro se aproximaba a la estación Ciudad Deportiva. Un mar de gente entraba con lentitud al Autodromo de los Hermanos Rodríguez, y ante tal panorama no pude decir mas que “Oh my dog!”.
Había revendedores, los normales, pero pidiendo mas que ofreciendo. Y muchos, muchos mortales tratando de conseguir boletos bajo el escudo del verbo necesitar. Demasiada demanda para nula oferta, signo inequívoco del futuro portazo.
La parsimoniosa entrada fue agotando el tiempo ganado. ¡Chin! Ya no llegué a ver a Yokozuna, y sólo alcancé el final de Liber Terán, quien por fortuna, cerró con “Don’t have to be”. Le di una última oportunidad al tótem de Indio, siendo defraudado de nuevo, y me dirigí al escenario rojo, que este año fue una carpa. Ahí escuché a Ruido Rosa, un combo de féminas ruidosas y bellas. Gran sabor de oídos.
Proseguí luego a la carpa Intolerante, donde Sara Valenzuela tenia a Leika Mochán, de Muna Zul, e Iradia Noriega ¡de coristas! Muy diferente a su trabajo con La Dosis. Buen show.
Ya en el escenario Indio escuché un rato a Ana Tijoux. Me gusta su voz pero el hip hop no del todo. Posteriormente fui al escenario principal a ver a San Pascualito Rey. Caso similar. Son buenos músicos pero su propuesta no me termina de conquistar. Quizá mi motivo real fue ver a Alex Otaola repuesto y haciendo lo suyo con la guitarra. Estuve ahí un rato y luego regresé a la carpa roja. Se presentaba Joe Volume. Mucho frenesí pero al tío no se le entendía cosa alguna. El interlocutor era su bajista, creo. Fuera de ello, la tocada estuvo prendida, pese a dejar al respetable con ganas de escuchar “The Kids”.
Volví a la carpa Intolerante a escuchar a Los Dorados. Llegué a las dos últimas canciones, pero fueron suficientes para percibir el talento de este quinteto en vivo.
De nuevo al escenario principal, Los Pericos estaban próximos. Soy de los nostálgicos que creen que con la salida de Bahiano la banda perdió mística. Sin embargo, sus últimos dos discos me parecieron buenos, en particular “Pericos and Friends” que, sí, con grandes invitados de por medio, me hicieron no dar tanta importancia a la ausencia del vocalista original. Así que con el prejuicio de lado, disfruté enormemente la actuación. Y cómo no, puro trancazo: “Jamaica Reggae”, “Runaway”, “Pupilas Lejanas”, “Complicado y Aturdido”, “Sin Cadenas”… ya para “Home Sweet Home”, la pieza de despedida, salí poco a poco de la muchedumbre hacia la carpa roja. Debido a la agitación de la carrera, no grabé en mi memoria qué canción Letz Zep concluía. Su presentación casi terminaba y ya sólo oí dos canciones. ¡Pero qué canciones! “Whole Lotta Love” e “Imigrant Song”. ¡Que chingón tocaban! Rocanrolié lo que en años no hacía. Si ellos son sólo la banda oficial tributo de Led Zeppelin, ¿cómo serían las presentaciones de aquellos monstruos en su apogeo?
Después de haber saltado lo que salté, me dirigí a las gradas a terminar ahí el día de festival. Ya instalado, presencié a Jarabe de Palo, Los Bunkers y a Los Enanitos Verdes. De los primeros canté las del primer disco y las básicas (“Bonito”, “Depende”). De los segundos, la vara era alta, ya que quedé encantado de su aparición de 2009, y aquél intro donde Tulio Triviño les daba instrucciones, cual director técnico, cerrando con la maravillosa frase “Esta será la mejor presentación de Los Prisioneros de la historia”. Tocaron bien, pero no llegaron a aquellos niveles.
De los terceros, yo creí conocer un puñado de rolas, pero para mi sorpresa, me sabía prácticamente todas las que tocaron. Mi oído andaba tan afinado que hasta me di cuenta de las partes de “Miss you” de los Stones y “Moby Dick” de Led Zeppelin que se echaron entre canciones. El rucometro estaba aceitando el engranaje.
El día llegaba a su fin y había decisiones qué tomar, pero de eso escribiré mañana.



