La Mofeta reflexiona sobre el concierto de los Pixies en el Metropólitan

Pese a una calidad de audio inferior, un set prácticamente idéntico y una menor interacción con el publico respecto a la presentación del día anterior en la curva cuatro del Autódromo Hermanos Rodríguez; el recital que brindaron los oriundos de Boston, Massachussets la noche del 17 de octubre de 2010 fue infinitamente más rico y emotivo. Las razones pueden ser varias: un foro más intimo, un mejor trabajo de luces, más banda y menos niños bonitos o que la cerveza a disposición fuera Indio y no Corona. Sin embargo, lo que para este humilde escribidor resultó la diferencia fue que las tres mil personas ahí presentes queríamos únicamente ver a los Pixies –aunque a The Temper Trap también les fue bien. Se corearon todas las canciones y se celebraron todas las acciones. El público le hizo saber a los músicos que realmente se deseaba escucharles, y ellos respondieron con una enorme actuación. La prueba fehaciente de ello estuvo en que, después del regreso protocolario, nos regalaran un verdadero encore a luces prendidas.

Un gran, gran, gran concierto

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